
Caminaba por la ciudad, imágenes psicodélicas inundaban mi cabeza, toda la gente de mi alrededor, eran grandes monstros, que atacaban a cada paso; en el instante preciso, miré al cielo y eran gotas refrescantes, los monstruos se derretían como si cada gota fuera acido letal y se ocultaban cada uno en su cueva, pero yo cada vez me sentía mejor, caminando por la acera de la gloria y empapado de lo que para los demás era fatal, todas esas imágenes que estuvieron en mi mente salían poco a poco hacia la imaginación, y me liberaban de la realidad, permitiéndome salir del absurdo juego de la gente "normal", ensalzándome con tragos de felicidad, pero esto no duró mucho, hasta que nuevamente el majestuoso con sus rayos perfora y quema mis figuras perfectas, evaporando mi acido vivificante y permitiendo salir a las grandes bestias de sus cuevas a atormentarme nuevamente, hasta una nueva y grandiosa descarga de ACIDO.

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